La Santa Cruz. Siempre en mi vida

Por Laury Fernández

El próximo 8 de mayo hará 50 años que tuvimos que salir del pueblo, emigrar, como muchos extremeños dejando nuestro pueblo, Feria, y nuestra tierra, Extremadura, atrás, con toneladas de pena hundidas en nuestro interior.

Yo era tan pequeño que apenas había sitio en mi corazón para un puñado de sueños. Por entonces corrían tiempos difíciles para todos, la vida en España entre las décadas de los 60 y 70 fue muy dura, especialmente en las zonas rurales. Eran momentos inciertos que muchos vivimos: la falta de trabajo, la escasez de recursos, la falta de fe o esperanza y las limitaciones de aquel mundo campesino, originó entre otras cosas la idea de emigrar.

Y decir riesgo, sea quizás un término demasiado comedido para definir la aventura. Aún guardo en mi memoria después de toda una vida, el momento de partida cuando salimos de casa, de madrugada, con el lucero del alba que nos acompañaría hasta el amanecer, aquella mañana de mayo de 1970. Nos pusimos en camino desde la calle Cano, bajamos hasta el pilar de San José, allí estaba esperándonos Cándido Sánchez, conductor reconocido y experimentado con su jeep azul de 9 plazas, Ligeros de equipaje, pero con la maleta llena de ilusiones.

Desde entonces…, Llevo en el corazón mi pueblo porque a pesar de que me fui, Feria sigue latiendo en él. En silencio, donde un trozo de mi perdura escondido entre sus parajes, calles, plazas, barrancos y rincones.

Porque mi alma permanece allí donde nací, pero además por otros muchos motivos, lo que en un principio solo era un lugar donde vivir y que tuvimos que dejar muy a nuestro pesar, ahora se ha convertido en un lugar para vivir. Siempre en mi vida ha seguido el arraigo, el amor y cariño, a mi pueblo, a mi tierra y a la SANTA CRUZ. Aquellos años que nos dejaron la puerta encajá a la emigración. La respuesta surgió del viento. Ha pasado toda una vida y sigo sosteniendo el sentimiento, las nobles raíces rurales y los valores que nunca caducan y que cada vez son más necesarios, porque en Feria está mi epicentro vital, mi punto de partida de toda una vida y feliz punto de encuentro de tanta gente querida.

El paso de los años suele engrandecer lo vivido en un pasado que tal vez fuese hostil y duro por tener que emigrar. Cada vez que me transporto con la imaginación al lugar donde nací, me dejo arrastrar por la melancolía, por las emociones de un tiempo no contado y por los recuerdos que reposan en la memoria de mis ojos de adulto bañado por la congoja de lo vivido.

Feria, pueblo abrazado a la montaña como pintado en la roca e iluminado por tu luz. SANTA CRUZ, como escrito en mayúscula y descrito entre plata y azul, rodeado de mares escasos de agua, y olas tranquilas sin ser mar. Y sobre ella la roca milenaria, el majestuoso castillo. Como padre que observa la vuelta a casa de sus hijos que por algún motivo un día se fueron o tuvieron que emigrar.

A la memoria de mis padres.

Laury Fernández

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