Aquellos veranos

La Voz de Feria
Foto: Justa Tejada Becerra

Ya cuando se van acercando estas fechas viene a mi memoria aquellos días y noches de verano, los de mi infancia los que hace tiempo que pasaron.

Se acercaba el mes de agosto y con la cálida luz de los días mas largos, mi memoria me transporta a juegos en aquellos lejanos veranos.

Amanecía temprano, ya se sentía el fresquito de la mañana cuando cantaba el gallo, mis ojos se abrían y el amanecer regalaba colores y el trinar de los pájaros, me levantaba despacio y llegaba hasta el corral donde mi madre lavaba en el cucharro, sacando el agua del pozo con carretilla del cubo tirando.

Jugaba con las gallinas, con la tortuga y con el gallo, bueno él no me dejaba, él era el rey, era el amo, a veces corría yo delante, su pico estaba afilado.

Cogía mi vieja muñeca le lavaba la cara y las manos, le hacia ricas papillas con la tierra de la pared de una pequeña cuadra donde una vez mi padre criaba a los guarros, ya en desuso la utilizábamos para soñar con castillos, hasta una cortina le colocamos, una mesa de camilla con una caja, sillas con taburetes de corcho donde nos sentábamos, sartenes viejas y pucheros de hierro que en alguna Feria de San Miguel en Zafra mis padres compraron.

En aquella pequeña estancia todo nuestro mundo imaginábamos, con el sonido de la carretilla, del canto de las cigarras del maullar de los gatos.

Foto: Justa Tejada Becerra

Las siestas eran aventuras, con las mantas en los suelos y las almohadas volando, los sonidos de alguna puerta con miedo del tío del saco «Dormiros que parece que viene ya por la cuesta, ya está en el barranco…» Y Después de pasar las horas todos arriba ya el sol se iba despacio, mi madre cogía el agua que ya se calentó en el corral en un baño y lavaba mi cara, cubría mi cuerpo con el jabón y con toalla después lo iba secando, me acariciaba con sus dulces manos y mis cabellos con peines de finas púas los iba peinando.

Ya con la ropa limpia el aceite con pan y azúcar era el manjar más cotidiano, la merendilla que en días de fiesta la cambiaba por jícaras de chocolate con aquel pan tan blanco, el que ya nunca volví a probar o por lo menos nunca me supo tan rico como el de antaño.

¡Ya llegaba la noche con los hombres sentados en los barrancos, pelando la dura almendra, contando sus historias, con dolores en el cuerpo del duro día de trabajo, y nosotros los niños mientras al escondite íbamos jugábamos, al juego de la comba, con la melodía lejana de alguna serie de televisión que desde lejos escuchábamos. Pero lo que importaba eran aquellos veranos donde los juegos eran la vida y aquella vida era la que nos marcó la memoria, la que nos llenó de sueños mientras jugábamos!

Justa Tejada Becerra

Foto: Justa Tejada Becerra
Foto: Justa Tejada Becerra

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Un comentario sobre “Aquellos veranos

  1. «Los niños de este pueblo son otro pueblo. A nadie se deben cuando consumen sus días en juegos inútiles, sin otro propósito que el juego. La risa en la Corredera, los helados de Jaramillo en verano, los barquillos en invierno. Las puertas de las casas todas entornadas, nunca cerradas. Cortinas colgando que no se mecen, porque allí no corre el aire en agosto, salvo en las noches perfumadas.»
    Fragmento de la novela “La tierra que pisamos”, de Jesús Carrasco Jaramillo

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