Gratitud

cons

En mi infancia, oh! Dulce Virgen de Consolación, tuve que alejarme, vivir fuera de tu entorno, pero grabé tu nombre en mi corazón con letras imborrables.  Hoy, miro hacia atrás, y en el baúl de los recuerdos (los recuerdos son las cosas del corazón), envueltos, protegidos por tu cielo azul, mágico y entrañable, donde se respira una intensa y maravillosa sensación de paz, encuentro intactos los valores que me dieron mis padres: el amor a la familia, la lealtad con  los amigos, el sentimiento de pertenencia, de cariño y de respeto hacia la tierra que me vio nacer… Ahora, te miro y sé, por fin, de donde salió la fuerza para mantener a lo largo de mi vida aquellos valores.

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Por ello, solo puedo expresar una palabra dulce, inmensa, que desborda mi pecho y me envuelve: GRATITUD.

Gratitud, que abre mi alma de amor a tu imagen divina. Imagen que se adhiere a mis entrañas y, como cuando niño, al verte, mis ojos se llenan de lágrimas de alegría, que me hacen fuerte, porque siento, una vez más, tus abrazos y caricias.

Gratitud, por no dejar que se alejen de mí los bellos recuerdos. Cuando a veces intentan alejarse, los busco en el espacio y en el tiempo, y regresan a mí de puntillas y en silencio, porque en la soledad y la distancia inundas mi alma, alivias mis desconsuelos y melancolía, y le das alegría a mi vida; y aunque el día esté apagado y gris, yo siempre camino cerca de ti, a tu lado, dentro de tu luz.

Gratitud, porque tu manto sigue protegiendo a todos los que están y los que nos dejaron para siempre, legándonos montañas de bondad y cariño. El tiempo pasa inevitablemente y rara vez nos detenemos a escuchar el silencio. El fuerte ritmo que marca la vida, unas veces a paso ligero y otras sosegado contemplándolo todo, formando parte del paisaje, pero yo nunca he dejado en el olvido las vivencias de nuestra infancia y juventud, que hoy definen nuestra vida, y en el futuro, nuestras más profundas raíces.

Gratitud, por el tiempo vivido. Buscando con orgullo en los rincones de mi memoria, en esos recovecos de la vida en los que se esconde el amor y los besos, donde a veces la certeza se junta con la poesía.

Gratitud, por último, para que tu luminosa imagen me anime, a seguir escribiendo las más hermosas y enternecedoras palabras, que hagan sentirme más unido a ti, VIRGEN DE CONSOLACIÓN, y a mi pueblo querido.

Laury Fernández

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